Hace mucho, más de un año, que vi
el primer tráiler de Epic: el mundo secreto, de Blue Sky, en cines y desde entonces supe que
quería ir a verla a la gran pantalla, ya no tanto por la historia, que no se
planteaba muy diferente de otros mundos de aventura animados, sino por los
gráficos y el diseño de los fondos y personajes que planteaban, quizás no una
estética muy diferente a la de Arthur y los minimoys (película que me aburrió
bastante, todo sea dicho) pero si un gran cuidado del detalle y de la imagen que hacen de la película un mundo mágico, nuevo (aunque ya se hayan visto historias
parecidas) por el derroche de imaginación que impregna cada uno de los múltiples
detalles que la componen desde el diseño de las criaturas y el entorno en el
que se desarrolla la acción.
Epic, que lleva en cines desde el pasado 30 de agosto, se puede describir hablando de una
perfección sorprendente y maravillosa que hace que el espectador disfrute de un
espacio visual en el que se pueden apreciar los árboles y sus hojas, las
criaturas del bosque y hasta las briznas de hierba que enmarcan la zona visual
del mismo.