No sé si lo sabéis pero a veces,
cuando dejo la cabeza quieta, me salen versos y escribo. Hace mucho que no compongo
un poema de esos largos, o cortos, o breves, o intensos que escribía en pleno
apogeo de la búsqueda de mi misma entre las palabras, la tinta y el papel….
pero a veces veo una palabra y empieza a unirse a otras de forma misteriosa, y
entonces sé que puedo volver a componer como si toda la verdad se escondiese detrás
del folio en blanco que sostengo entre las manos.
A veces guardo el silencio
suficiente en mi mente para acallar todo lo que pasa por ella y convertirlo en
versos que llenen ese silencio de forma más armónica que el barullo que suele
existir dentro de ella. A veces es la música la que me da esa paz, a veces es
encontrar la palabra adecuada.
¿Y por qué os cuento esto? Porque
en una pequeña revista digital, conocida como Cuentos para el andén, me ha dado
la oportunidad de volver a escribir, solo frases en torno a una palabra, a
veces incluso a juntar versos y componer un poema porque ellos dan eso: un
fragmento, y a partir de ahí, el que participa en sus rincones de escritura, compone el resto.
La primera vez participé por participar, conocía la revista porque hablaba con
el publicista de la misma desde mi trabajo, y desde ahí siempre leía y
curioseaba sus distintos números. Se dedica a promover la literatura y a sus
distintos autores, y además tiene distintas secciones para que los que nos
animemos participemos escribiendo para ellos.
