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domingo, 22 de junio de 2014

LAS PELÍCULAS QUE MARCARON MI VIDA Y ME HICIERON AMAR EL CINE


Siempre he preferido el reflejo de la vida a la vida misma. Si he elegido los libros y el cine desde la edad de once o doce años, está claro que es porque prefiero ver la vida a través de ellos” 

François Truffaut


Desde que era pequeña como a tantos otros el cine ha marcado etapas importantes de mi vida y ha conseguido aumentar mi imaginación, así como crear nuevos mundos que, si bien no han arraigado tan fuerte como los que me proporcionaron los libros con los que crecí, fueron capaces de despertar en mí el amor por el cine y por las películas que narraban la vida de personas distintas, con historias diversas que, de una forma  u otra, transmitían un mensaje, una metáfora sobre esa vida que vivimos.

Todos los personajes que se ganan nuestros corazones tienen algo que contar, los primeros que lo hicieron, fuera de las películas de carácter infantil o de Mi vecino Totoro que he de destacar como mi película favorita de cuando era más pequeña, los recuerdo de mi época del instituto con la película Tomates Verdes Fritos, de Jon Avnet, que cuenta una historia sencilla pero profunda que empieza cuando Evelyn Couch (Kathy Bates), una buena mujer en plena crisis adulta, visita a la tía de su marido con él en una residencia de ancianos, pero esa tía no quiere que esté con ella y Evelyn debe quedarse en la sala común donde conocerá a Ninny (Jessica Tandy), llena de vida a pesar de su avanzada edad y muy amigable, que le contará a Evelyn la historia de los Threadgoode, la parte central de la película que se irá compaginando con la historia del presente que vive Evelyn con su marido, con quien intenta recuperar la pasión, aunque sin mucho éxito por parte de él, y el amor por la vida.

miércoles, 14 de mayo de 2014

APRENDER A ESTAR CALLADOS


Ayer estaba demasiado cansada como para ponerme a pensar sobre una conversación que había tenido con uno de los profesores en los que más confío, pero hoy con la lucidez que te da la adrenalina de la mañana, del “venga que te espera todo el día por delante”, mi mente se ha puesto a darle vueltas a algo que lleva inquietándome mucho tiempo: el terrible e inequívoco hecho de que nos enseñan a vivir callados.

Cuando queremos alzar la voz para decir lo que no es justo, para denunciar lo que debe ser denunciado, lo que ocurre cuando suceden acontecimientos que no deberían ocurrir, te dicen “ssshhh es mejor mantener las formas, que te juegas mucho”. De esta forma te hacen pensar que no decir nada es legítimo porque puedes acabar diciéndole algo a alguien que, aun teniendo razón en tu reclamación, te hunda de cara al futuro.